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Dar el primer paso a la hora de buscar apoyo psicológico no es fácil. Estar aquí es duro, pero también un paso esperanzador dentro de un proceso de transformación.

Muchas de nuestras dificultades son el resultado de respuestas naturales de supervivencia: la angustia, la melancolía, la ansiedad, las fobias, las adicciones, los delirios, los trastornos alimentarios o por acumulación, la autolesión, las ideas de muerte… a menudo forman parte de sistemas defensivos que hemos desarrollado intuitivamente para hacer frente a vivencias y creencias que han dejado una impronta en nosotros/as. A veces eso que llamamos síntomas, que ahora nos causan malestar, han sido en otro momento nuestro único sostén: los medios que hemos encontrado para sobrevivir a diversas experiencias.

Es importante entender cuáles son los mecanismos que están manteniendo el problema; la función que cumplen en nuestra biografía, actuar sobre las soluciones fallidas, rígidas y precarias o abrir nuevas narrativas y posibilidades de afrontamiento. Las personas contamos, además, con respuestas excepcionales: recursos que han funcionado en el pasado y podemos desarrollar para construir una relación más justa con uno/a mismo/a y con el mundo.

Muchas veces, lo que causa nuestros problemas no puede solucionarse en una consulta. Tiene que ver con situaciones socioeconómicas, geopolíticas, laborales o relacionales estresantes y el síntoma nace para señalar que necesitamos cambiar el rumbo o la estructura. A veces, la terapia puede acompañar este proceso de cambio a través de la práctica del vínculo, el consenso en los objetivos y métodos terapéuticos y el propio trato: la relación terapéutica que da testimonio del daño pero también agencia a las personas para el cambio.

Para un acompañamiento terapéutico individual, familiar o de pareja puedes contactar conmigo para una primera consulta. Podemos vernos presencialmente o por videollamada/teléfono.

También puedes llamarme o escribirme para consultar tus dudas antes de decidir.