Presentación

El sufrimiento psíquico puede irrumpir en nuestra vida sin ser esperado, o puede aparecer progresivamente. Podemos convivir con él o rechazarlo. Acompañarlo o ayudar a sostenerlo. Puede arraigarse en un abanico muy amplio de factores y no siempre se va solo con tratar de entender sus causas. La salud mental depende del cuidado de múltiples esferas de la experiencia, los modelos de crianza, la educación y las vivencias tempranas y adultas, los hábitos de vida o la red social de apoyo.

Hoy día, diversos movimientos sociales han comenzado a apostar por una atención menos individualista de esta forma de sufrimiento, planteando alternativas a los tratamientos estrictamente biomédicos o farmacológicos y aspirando a un abordaje comunitario del derecho a la salud mental.

Las asociaciones de supervivientes a la psiquiatría, los grupos de apoyo mutuo, los congresos de personas que escuchan voces, y otras iniciativas críticas, cuestionan los modelos hegemónicos de asistencia y normalidad y ponen una parte de la responsabilidad de las crisis que sufrimos, sobre factores como las desigualdades, el aislamiento, la injusticia social, la estigmatización, las relaciones de poder, o las estructuras sanitarias.

Es desde esta orientación, más horizontal y respetuosa, desde donde trato de apoyar a quien decide buscar acompañamiento terapéutico en su camino hacia una experiencia emocional y relacional más transitable. Un camino basado en la autonomía, el empoderamiento y el respeto a la diversidad. Parto de la idea de que aunque la tristeza y la angustia nos sean comunes, cada experiencia subjetiva es única, y solamente quien la vive conoce todas sus implicaciones. Por eso prefiero ver mi papel como el de alguien que escucha y acompaña y no como el de guía o experta.